El arte que observamos
No todas las acciones humanas tienen trascendencia. En nuestro paso por la vida ejercemos funciones y actos que terminan por consumirse en sí mismos, y cuya finalidad y aspiración es lo efímero. Vivir es crecer y expandirse, y extinguirse como una burbuja en el aire del tiempo.
Existen, sin embargo, algunas cosas que aspiran a la permanencia, que eluden con sus frágiles recursos y capacidades el duro andar de los siglos: somos nosotros mismos viéndonos en las obras donde encapsulamos nuestra experiencia de humanidad, nuestra emoción ante el mundo, la imaginación con que hicimos la vida, el pensamiento que nos hizo caber en la materia y prosperar con dolor y con alegría.
El arte verdadero es una de estas aspiraciones de lo humano a lo eterno, nuestro legado de la experiencia de ser. Todas las preguntas y respuestas que nos hicimos están en él.
Frente a la expectación del arte se disuelven las contradicciones entre el artista y la obra y las diferencias entre el creador y el observador, porque es en él donde está el repositorio de nuestra condición humana, desgastada en la materialidad y la vanidad de la existencia práctica.
Las formas, los materiales y la idea estética que aporta en esta muestra el escultor jalisciense Estanislao Contreras Clima, quien por primera vez expone en el Museo Federico Silva, nos proponen un diálogo con nuestro ayer histórico y con nuestra contemporaneidad personal. Formas que mutan, maderas de nuestro pasado, objetos suspendidos en el pensamiento, pelotas y muebles, nuestras piedras, animales e instrumentos: una conversación silenciosa con nosotros mismos.
Armando Herrera Silva
Secretario de Cultura de San Luis Potosí