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Vida, muerte y renacimiento


La obra escultórica de Pedro Martínez Osorio (1953, Ciudad de México), que en esta ocasión presenta en el Museo Federico Silva, muestra, por un lado, su interpretación de los cánones y las voces del arte mesoamericano y, por otro, expresiones escultóricas con un perfil más contemporáneo o de carácter universal; en ella encontramos que Martínez Osorio va de la representación de formas figurativas concretas y realistas a formas dueñas de una síntesis extrema. Así pues, el artista presenta un dilatado arco plástico que el arte tridimensional contemporáneo ha revelado como una poderosa fuerza escultórica.

Pedro Martínez Osorio estudió Comunicación  Gráfica en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México, posteriormente ingresa en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, “La Esmeralda”; el maestro Martínez Osorio reconoce la importancia que para su desarrollo tuvieron los maestros:  Joaquín Conde García, Ramiro Medina, Kiyoto Otta y Jesús Mayagoitia. Más tarde, para enriquecer su trabajo creativo, tomó cursos de programación en el Centro de Computación Profesional de México.

Tiene su primera exposición colectiva en 1988, a partir de esa fecha ha participado en un número considerable de exhibiciones colectivas tanto en México como en el extranjero. Sus exposiciones individuales también han sido muy numerosas, en México, su obra se ha exhibido individualmente tanto en la capital del país como en la mayoría de los estados de la república; ha expuesto en varias ciudades de Canadá y los Estados Unidos de Norte América, así como en países de Centro y Sud América, en Japón y en la República Popular China. Ha sido distinguido con diversos premios y reconocimientos en México, Canadá, Estados Unidos así como en la República Popular China. Su obra se encuentra en museos e instituciones de México, Estados Unidos, Panamá, Japón y Colombia. Así mismo, ha sido jurado en concursos de pintura y escultura y dictado conferencias sobre técnicas de escultura tanto en México como en el extranjero.

Su sólida formación académica, (en 1990, fue considerado el mejor alumno del año de “La Esmeralda”); sus amplios conocimientos técnicos, (corte con agua, plasma y el oxicorte) su profundo conocimiento de la geometría (Mayagoitia decía al respecto en 2018: “Pedro sabe perfectamente que la geometría es la única herramienta que existe para organizar el espacio”) y su empeño en la busqueda del conocimiento, lo han llevado a ejecutar obras de gran maestría.

En esta exposición, se destacan tres temas que podríamos enmarcar como expresiones filosóficas de vida, muerte y renacimiento.

El primer tema o ciclo, el de “La Mariposa”, es donde podemos apreciar lo que significa el trabajo de síntesis, ya sea de manera conceptual o en la aplicación de la geometría básica, sin menoscabo de la estética de la pieza o de su significado compositivo.

El segundo tema lo expresa a través del significado y fuerza de “La Gran Cruz”, estas tres piezas, se muestran a primera vista como el ensamble de una geometría abstracta que proyecta una imagen trascendente. Sin embargo, la complejidad social del símbolo despliega también una constelación de significados que pueden ser religiosos, culturales o filosóficos, ya sea en la religión cristiana, en culturas como la hindú, la china o en el propio islam, o la cultura maya, solo por mencionar algunos ejemplos. La elección del color blanco en este tema o ciclo, tiene un significado o valor simbólico: es alegría y alumbramiento, es vida y muerte, es también pureza, inocencia y paz.

El tercer tema es en el que trata directamente sus vínculos con las raíces mesoamericanas (tzompantlis, calaveras, escudos, ciclos de vida y muerte) y que lo actualiza con materiales modernos como la placa de acero o el acero al carbón. El escultor Mayagoitia dice, a propósito de su antiguo pupilo: “Influencia, admiración, identificación y respeto son el hilo conductor que une a Pedro con las Culturas Mesoamericanas”.

Pedro Martínez Osorio define de manera sucinta su obra y dice al respecto: “… he trabajado el volumen y los espacios, la luz y los contrastes de iluminación, las variaciones de los ángulos y los ricos juegos de color, el equilibrio y la serenidad junto a la tensión y el dramatismo que permite la composición. A veces, la abundancia y opulencia de los colores cede lugar a la pureza del blanco, en aras de la elegancia. Todos estos elementos, según la naturaleza de cada pieza, determinan el ritmo central y los ritmos componentes de la obra, sin olvidar nunca que los cambios en la luz y los cambios en los ángulos de visión del espectador, afectan la simetría, la cadencia y el propio movimiento.”

Esperamos que nuestros visitantes se conmuevan con la obra de este gran artista y creen puentes comunicantes de identidad que les permitan dialogar con esta exposición.

Enrique Villa Ramírez

Director General